Hoy, el INEGI ha publicado más datos estadísticos actualizados sobre México (supongo que provienen de la campaña censal del año pasado). Entre ellos encontramos la situación de las religiones en este país. Desde 1950, la cantidad de católicos ha descendido de un 98.2% a un 89.3%, es decir, casi 10 puntos. Sin embargo, debido al crecimiento poblacional los valores absolutos son mayores en 2010.
Los creyentes de otras religiones han crecido del 1.8% al 10.7%. Y aquí viene la buena noticia: de 0.6% de población sin religión en 1950, se ha pasado a 4.9%, más de cuatro millones y medio de personas que no se adscriben a ninguna religión.
Ya sé, ya sé que dentro de ese 4.9% de personas sin religión posiblemente no se declaren todas ateas. Y también que quizá sea desesperanzador el incremento de creyentes en otras religiones que casi equipara a la pérdida de católicos, aún más cuando muchos de ellos se adscriben a credos aún más fundamentalistas que el católico -evangelistas y demás fauna-. Pero creo que sería más alarmante aún si con el crecimiento poblacional no hubiera crecido también el porcentaje de personas sin religión, porque eso querría decir que hay una herencia y una endogamia entre los ateos o agnósticos aún más fuerte que entre los creyentes. Y no es así, sino que la razón también se puede abrir camino entre la superstición.
La otra buena noticia es que una jueza de California ha extendido el caso de abusos sexuales a menores del socerdote Nicolás Aguilar al cardenal Norberto Ribera. Si bien, lo lamentable es que, como la justicia mexicana es una mierda, haya tenido que ser una justicia extranjera la que haya cogido el toro por los cuernos. Sí, México es soberano y blablabla, pero también ha firmado pactos y acuerdos internacionales que tiene que cumplir; así que patrioterismos baratos, me parece, que aquí no van a servir. Los que seguís rebuznando sobre soberanía nacional, deberíais aprender un poco sobre derecho internacional y tal, y que no tiene nada que ver el tocino con la velocidad.
Enhorabuena a los premiados, que decían Gomaespuma.